Extracto del artículo "Fundamentos
teóricos del análisis de contenido en la
narración secuencial mediante imágenes
fijas: el cómic" publicado en:
El profesional de la
información, 2004, julio-agosto, v. 13,
n. 4, pp. 248-271.
El primer paso es ubicar el cómic en un marco conceptual para, con posterioridad, entrar de lleno en sus características más relevantes para el análisis de contenido, no podemos proponer un método válido si antes no entendemos su propia estructura y elementos constitutivos. Según Pinto, García y Agustín (2002, p. 51) "son muchos los criterios que se utilizan para clasificar los documentos, y cada uno de estos criterios responde a algún tipo de finalidad práctica y tiene, por tanto su legitimidad", lo cual es cierto. Sin embargo, tampoco debemos de olvidar de forma sistemática al documento que aquí analizamos, como ha venido ocurriendo hasta ahora. Un breve repaso a algunas tipologías documentales nos hace ver de nuevo que, para el mundo de la documentación, el cómic prácticamente no existe.
Desde el punto de vista estructural y compositivo, el cómic no se encuentra muy lejos de otro tipo documental que aún tiene peor consideración y que en la actualidad está prácticamente desaparecido: la fotonovela, aunque el lenguaje narrativo de ésta es mucho más pobre. Teniendo en cuenta el grado de iconicidad de las imágenes, los dibujos animados también comparten cierta similitud, aunque sus composición narrativa es diferente, más cercana al cine evidentemente; sin embargo cine, cómic y dibujos animados basan su existencia en el empeño en contarnos una historia, en relatarnos algo mediante imágenes. En Altarriba (1998, p. 17) es posible profundizar de forma más interesante en estos temas pues, como afirma, la especificidad de la historieta viene determinada por "su particular manera de articular las relaciones entre viñetas". Éste es un punto fundamental para entender el contenido y su análisis: la elipsis entendida no como un elemento de la narración que puede o no utilizarse (como ocurre con los flashbacks en función de las necesidades de la historia) sino como característica constitutiva básica, que lo va a marcar de forma inexorable y que conlleva intrínsecamente la secuencialidad (temporal y espacial) de la yuxtaposición de imágenes fijas.
Existe una corriente en la investigación sobre cómics, inspirada claramente en el predominio e influencia de la cultura americana en occidente, que mantiene que su nacimiento y reconocimiento de sí mismo se produjo exactamente un 25 de octubre de 1896 en EUA (1) . En esa fecha se publica, en el The journal dominical (periódico de New York perteneciente a William Randolph Hearst, personaje en el que posteriormente se basó Orson Welles para su célebre Ciudadano Kane) la tira The yellow kid and his new gramophon, de Richard Felton Outcault. Según los expertos, la novedad radicaba en la conjunción de texto e imagen para el desarrollo y comprensión de la historia, sobre todo mediante el uso de bocadillos. Así pues, con estos datos, y obviando por completo toda la riqueza de la tradición cultural escrita europea anterior a este hecho, en 1989 un grupo de 11 expertos se reúnen en Luca (Italia) durante la celebración de uno de los salones de cómic más importantes de Europa (cuyos premios tienen curiosamente el nombre de Yellow Kid) y deciden que ése es el primer cómic de la historia (2). No vamos a ir más allá en esta breve reseña del supuesto origen del cómic que en realidad es uno de los mayores engaños y/o errores en la historia del arte (3). También es un hecho muy triste, ya que apenas existe documentación escrita (de calidad, por supuesto) que atestigüe tal evento, o que argumente de forma razonada y clara algo tan importante como la reunión de una serie de expertos que decidieron poner una fecha para el nacimiento de un arte. Otra prueba más de la poca concienciación metodológica respecto de la investigación existente en este mundillo.
En realidad un cómic, entendido o no como obra de arte, o como un medio de comunicación, o desde cualquier otro punto de vista es algo muy complejo. No nos vamos a arriesgar a dar una definición y una clasificación de este documento, pero sí que podemos estudiar qué es lo que han dicho otros expertos que puede ayudarnos en nuestra búsqueda metodológica.
Esta descomposición de las particularidades del lenguaje nos será de gran utilidad en el futuro para conocer qué elementos son o no susceptibles de ser analizados y en qué medida. Hay autores como Colle (1999b) que incluso afirman que el cómic es un código propio de representación desde el punto de vista icónico al utilizar diversos elementos gráficos poniéndolos a su disposición de una forma original, algo que merecería un estudio en profundidad desde el campo semiótico y la teoría de los códigos.
Olvida, sin embargo, que tan sólo una página antes afirma: "un cómic producido en el taller del dibujante, pero no multiplicado mediante el proceso de impresión, no es todavía un verdadero cómic, del mismo modo que el dibujo sobre la piedra litográfica no es aún un grabado litográfico". Pues en tal caso ¿por qué no incluir esa característica con las tres anteriormente mencionadas?
Existen multitud de teorías en relación a este punto; no tendría sentido hacer un recorrido general porque tampoco es nuestro objetivo ofrecer una definición que satisfaga a todas las facciones, por lo que nos quedamos con Córtez que expone, de una manera muy clara y sistemática, sus características básicas y que nos serán muy útiles en el desarrollo de nuestro estudio:
En cualquiera de estos tres contextos propuestos habrá de ubicarse el cómic para una correcta definición de los procedimientos teóricos que estamos tratando de vislumbrar. Entenderlo dentro de todos ellos se convierte en un punto fundamental que no debemos obviar.
No podemos hablar de análisis de contenido de la imagen artística sin mencionar a Panofsky y cómo elaboró una teoría de la imagen al respecto teniendo en cuenta las diversas interpretaciones que pueden realizarse de una misma obra desde diferentes perspectivas, con lo que obtenemos un resultado basado en tres estratos o niveles diferentes:
Todo ello nos da una riqueza visual e informativa de gran valor que sistemáticamente los documentalistas estamos olvidando y de cuyo análisis debemos de empezar a preocuparnos pues se está produciendo una pérdida de gran valor cultural y que puede ser definitivamente irreparable, aparte del vacío provocado en la formación de profesionales de la información. Por lo tanto, y recapitulando, por lo visto hasta ahora los elementos que deben estar presentes en la indización de contenido y visual de los cómics, teniendo clara su propia estructura como documento narrativo-comunicativo, así como su naturaleza iconográfica serían:
1. Existen
numerosísimos textos que analizan, con mayor o
menor rigurosidad, este alumbramiento americano de los
cómics y cuya enumeración aquí no
tendría sentido. Sin embargo, quien quiera
profundizar más sobre el tema recomendamos la
lectura de Blackbeard (1982)
aún a pesar de la visión parcial que
sobre el tema escoge el autor.
2. Los expertos reunidos
fueron: David Pascal, Claude
Moliterni, Richard Marschall,
Maurice Horn, Vasco
Granja, Dennis Gifford,
Luis Gasca, Álvaro De
Moya, Claudo Bertiere,
Rinaldo Traini y Javier
Coma. Información extraída de:
Coma, Javier. "1996 centenario de
los cómics". En: Zona84, n. 68,
pp. 65-68.
3. Lo que sí es
cierto es que el nombre contemporáneo de los
cómics, o más bien de esta palabra,
procede de las daily strips (tiras diarias de
prensa) o comic strip (por su carácter
cómico) que eran publicadas en periódicos
de amplias tiradas. No cabe duda de que la floreciente
industria periodística y de los medios de
comunicación de masas en EUA a finales del XIX y
principios del XX favoreció el rápido
desarrollo de los cómics y su
popularización; aunque de ahí a decir que
su nacimiento se produjo en una fecha, lugar y momento
tan concretos es un poco arriesgado. Lo que no admite
discusión es que la industria del cómic
nació y creció en los EUA. Muy
recomendable la lectura para comprender más este
hecho es: Marschall, Richard.
"Origen y desarrollo de la serie en tiras
diarias". En: Historia de los
cómics, v. 1. Barcelona: Toutain Editor,
1982-1983, pp. 29-36.
4. Muy interesante al
respecto de estos dos puntos es la obra de
Gasca y Gubern (1994)
que hacen una recopilación bastante completa de
estos elementos.
Altarriba, Antonio. "La historieta. Una manera distinta de contarlo". En: Una mirada a la historieta. Barcelona: Ficomic, 1998.
Blackbeard, Bill. "Niños, capitanes y sombreros de hojalata. Un planteamiento de aquellos días burlescos de los cómics". En: Historia de los cómics, v. 1. Barcelona: Toutain Editor, 1982-1983, pp. 1-8.
Chaumier, Jacques. Análisis y lenguajes documentales: el tratamiento lingüístico de la información documental. Barcelona: Mitre, 1986.
Colle, Raymond. "El contenido de los mensajes icónicos (2). El discurso icónico como totalidad". En: Revista latina de comunicación social, 1999b, julio, n. 19.
Córtez Espinoza, Carla Cecilia. “La historieta. Una aproximación a su realidad”. En: Segundo encuentro Universidad Católica Boliviana. Diagnóstico y agenda de la investigación comunicacional en Bolivia, 2000.
Eco, Umberto. Apocalípticos e integrados. Barcelona: Editorial Lumen; Tusquets Ediciones, 2001.
Gubern, Román. La mirada opulenta. Exploración de la iconosfera contemporánea. Barcelona: Gustavo Gili, 1992.
Panofsky, Erwin. Estudios sobre iconología. Madrid: Alianza Editorial, 1992.
Pinto Molina, Maria; García Marco, Francisco Javier; Agustín Lacruz, María del Carmen. Indización y resumen de documentos digitales y multimedia: técnicas y procedimientos. Gijón: Ediciones Trea, 2002.
Prette, Carla; Giorgis, Alfonso. Leer el arte y entender su lenguaje. Madrid: Susaeta, 2002.
Rodríguez Bravo, Blanca. El documento, entre la tradición y la renovación. Gijón: Trea, 2002.
Jesús Castillo Vidal - jcastillo@baratz.es