Hoy día son pocos los centros bibliotecarios que no cuentan entre sus fondos con alguna colección de cómics, en cualquiera de sus géneros o procedencia. En el actual mundo editorial existen diversos formatos de edición y no es raro encontrarse con un hecho tan frecuente como que una misma obra se edita en diferentes momentos bajo diversos formatos y condiciones de edición. No nos referimos a ediciones recopilatorias o clásicos que se suceden en el tiempo, a veces con una separación temporal que puede abarcar varias décadas (con lo que indudablemente las condiciones de edición cambian, pues sencillamente han pasado los años y las técnicas son otras). Es algo bastante frecuente en el mundo de los cómics la existencia de diferentes reediciones, en diferentes formatos, coloreadas o descoloreadas, y desgraciadamente incluso con diferentes contenidos, cuando en teoría es la misma obra. Así pues, nos referimos a obras que se publican relativamente cercanas (temporalmente hablando) pero bajo diversos sellos editoriales que consideran oportuno tomar una serie de decisiones relacionadas con el formato de publicación, soluciones que unas veces son acertadas y otras no tanto.
De esta forma podemos encontrarnos con títulos publicados en comics books, revistas, álbums (de tapa rústica o de cartoné), tomos recopilatorios, tomos que son no recopilatorios en sentido estricto, retapados, cuadernillos, prestigios y un recién llegado al panorama editorial: los integrales. Todo ello conforma un panorama variadísimo donde el formato va a influir, positiva o negativamente, de forma directa en la calidad de reproducción de la obra. Es más, no sólo va a influir en la apariencia final sino que en no pocas ocasiones el propio autor concibe su creación teniendo muy presente el formato en el que va a ser publicada (Lefèvre). No hablamos de una novela donde un formato de bolsillo no afecta para nada (o casi nada) al contenido, si no que no podemos olvidar la doble naturaleza del medio: gráfico y textual. Una mala calidad gráfica, o una reproducción deficiente pueden llevar al traste con toda la obra: desde ediciones de bolsillo donde hay que adivinar las formas gráficas, hasta un hecho que desgraciadamente es bastante frecuente en la edición de cómics (aunque cada vez en menor medida): las páginas remontadas o, incluso, la modificación y alteración del contenido de una forma premeditada e irrespetuosa: traducciones sin sentido o simplemente el guillotinado de contenido y alteración de las viñetas por el mero objetivo de ahorrar papel.
En la página web "Supertebeos" hay una pequeña recopilación de algunas de estas barbaridades realizadas por la editorial Vértice con los cómics de la editorial Marvel editadas en España durante varios años a partir de 1969. En esta página también puede verse una excelente recopilación de algunos de estos actos, que sólo pueden denominarse como "vandálicos", en esta ocasión con el personaje "Flash Gordon".
El lector de cómics en España suele ser un tipo de lector exigente, más cercano al coleccionista compulsivo que a un tipo de lector ocasional, al tanto siempre de las nuevas ediciones y las condiciones bajo las que van a aparecer las obras. En muchas ocasiones los catálogos de las propias editoriales suelen incluir información en relación a la forma en la que la obra verá la luz. Muchos de esos datos se pierden cuando los cómics llegan a las bibliotecas y se inicia el proceso de catalogación y registro: en el mejor de los casos apenas quedan unos datos en el área de edición indicando sus medidas. No suele ser frecuente mucho más: altura, anchura y presencia o ausencia de color. Se pierden, en la mayoría de las ocasiones, datos que pueden servir de ayuda u orientación en relación a la obra que se conserva en la biblioteca: ¿está completa?, ¿es la edición que lleva un prólogo interesante de un experto en la materia?, ¿el tamaño de publicación es respetuoso con la obra? Ya en un tema anterior publicado en este portal se trató brevemente el tema de los formatos de publicación en relación a los modelos de catalogación previstos tanto por las ISBD como por el formato Ibermarc. En aquella ocasión simplemente se comentó que, en el caso de los cómics, nos podíamos encontrar con tres formatos a aplicar: monografías, revistas y analíticas.
Ahora nos toca profundizar un poco más en el tema para poder plantear una serie de modificaciones de acuerdo a la naturaleza del documento y sus formatos de publicación. De esta forma veremos que dentro del grupo de monografías es posible especificar aún mas sus características, algo que también es extensible en las otras dos tipologías: el de revistas y el de analíticas. En este último caso veremos que es posible encontrarnos no sólo con unas tipologías especiales sino que, como explicaremos a continuación, son el verdadero origen del cómic, entendido desde el punto de vista documental, no como medio, ya que la historieta, encuadrada dentro de un contexto mayor que la engloba (la narración secuencial) tiene a sus espaldas muchos años de historia.
No es nuestro objeto de estudio analizar el nacimiento de la historieta como medio, ya que eso nos llevaría a un planteamiento metodológico muy profundo, multicontextual y sobre todo problemático cuyas bases hoy día ni siquiera han sido establecidas de una forma consensuada. En nuestro caso lo que queremos plantear es cómo las diferentes tipologías documentales que podemos encontrarnos pueden influir en el procedimiento de catalogación. Así pues, el cómic (insistimos, el documento como tal, no el medio), procede de un documento gráfico que aún hoy podemos encontrar en nuestros periódicos: la tira cómica diaria (daily strips) que se desarrolló de forma exponencial en la prensa estadounidense sobre todo a finales del XIX y principios del XX, aunque insistimos que en nuestros días es un fenómeno observable. Las tiras diarias, fueron el desarrollo casi natural de las ilustraciones caricaturescas de origen político de la prensa del XIX que, a su vez, también están relacionadas con las páginas dominicales de los periódicos de la época. Uno de los grandes problemas metodológicos en el estudio de la historieta lo encontramos en el hecho de que se haya confundido el nacimiento de una tipología documental con el origen de todo un medio de expresión, algo que ya ha sido comentado en numerosas ocasiones y lugares.
Siguiendo con nuestro breve recorrido histórico, las tiras diarias fueron creciendo tanto en volumen como en importancia, ya que en ocasiones ejercían un efecto llamada hacia el periódico en el que se incluían (Marschall). De esta forma, nos encontramos con un tipo de obra englobada en otra con la cual no tiene relación directa, más que como mero acompañante, y de naturaluza ociosa, de los contenidos diarios del periódico. Si revisamos brevemente los formatos que propone la ISBD podemos deducir fácilmente que estamos hablando de analíticas en sentido estricto: partes componentes de una publicación, en este caso periódica, aunque dependiendo de la situación también se pueden dar (y de hecho es algo frecuente) analíticas como partes componentes de una monografía, sobre todo cuando hablamos de proyectos colectivos englobados en un mismo volumen, bajo un título que los define y, debido al nivel de catalogación impuesto, se llevan a cabo vaciados de estas publicaciones.
Sin duda alguna el nacimiento del documento cómic es claramente otorgable a la prensa norteamericana (pero no el medio como tal) y fue donde se desarrolló de forma mucho más potente durante las postrimerías del siglo XIX y el inicio del XX. Sin embargo, la industria editorial no se quedó ahí. Siguiendo con nuestro análisis, volvemos la vista ahora a Europa donde se desarrollaron también una serie de experiencias relacionadas con este medio y que también le confieren una naturaleza especial que sigue siendo visible hoy día: las revistas o magazines de cómics. Si revisamos el articulo de Couch, podremos comprender cómo se han desarrollado formatos diferentes para un mismo medio. Mientras en Estados Unidos prosperaban las tiras diarias englobadas en periódicos y luego recopiladas en volúmenes, en Europa, aunque también se daba este caso, además nos encontramos con un tipo documental característico: las revistas de cómics.
Las revistas de cómics surgieron en Europa como forma de dar rienda suelta a la capacidad creadora de numerosos autores a lo largo de todo un siglo. Aunque hoy día es un formato casi extinguido, en las revistas de cómics nos encontramos el origen de colecciones tan populares y conocidas como Astérix, Tintin, Spirou o nuestros queridos Mortadelo y Filemón. Y no podemos olvidar un hecho importante, por lo menos en nuestro país: una de estas revistas ha sido, y lo será siempre, la que le ha dado nombre a todo un medio: el TBO. En las revistas, estas colecciones se serializaban por entregas periódicas que luego eran, en la mayoría de los casos, recopiladas en álbums. Es éste un dato importante por tres razones:
- Primero porque esto dio lugar a un formato nuevo hasta entonces: el álbum, el cual también puede presentarse bajo diferentes características, aunque el formato clásico es el denominado álbum europeo, compuesto principalmente de 48 páginas (de las cuales se suelen reservar para el desarrollo de la historia unas 46) y encuadernado normalmente en cartoné (aunque también hay gran variedad en este punto). Es decir, el álbum se corresponde básicamente a lo que actualmente se conoce como "monografía" en el contexto de la catalogación en bibliotecas y que desarrollaremos en el tema del próximo mes.
- En el caso de tener un vaciado de las colecciones de revistas, y una vez comentado en el punto anterior el tema de las analíticas, podemos observar perfectamente que una misma historia serializada por entregas puede dar lugar, en un registro catalográfico, a un único asiento que recoja la serie al completo. Con ello queremos decir que el asiento secundario de título de fuente principal puede (y deberá) componerse de varias entradas, una por cada número recogido en el vaciado y todo ello en el mismo asiento bibliográfico, es decir lo que hemos venido a definir como "multianalítica". Evidentemente la descripción bibliográfica se verá afectada, irremediablemente, por esta cuestión.
- Por otra parte, el hecho de que una misma historia pueda publicarse de forma serializada o bien recopilada en uno (o varios volúmenes) nos hace pensar en un dato a tener en cuenta por las bibliotecas para ofrecérselo a sus usuarios: si está o no completa. Puede ocurrir que si se tiene una colección de revistas, es posible que suceda que falta uno de los números. Así pues, esta información le será de mucha importancia al usuario que consulta nuestros catálogos.
Mientras esto ocurría en el panorama europeo, en Estados Unidos la evolución a partir de las tiras diarias de prensa fue otra muy distinta. A raíz del éxito cosechado en los periódicos, las tiras solían recopilarse en volúmenes (volvemos a encontrarnos con la tipología documental denominada, en el entorno ISBD, como "monografía"), pero además nació un formato al que normalmente se le presta poca atención en la catalogación bibliotecaria: el cómic book, fenómeno que no puede entenderse sin comprender la naturaleza del único género (que no es poco) que el mundo de la historieta nos ha ofrecido como suyo y completamente original: los superhéroes. No en vano los más famosos y carismáticos superhéroes nacieron bajo este formato: Superman y Batman, entre otros muchos más.
Los cómic books son publicaciones bastante endebles (de ahí quizá el desinterés de los bibliotecarios por su análisis, ya que el proceso de catalogación no siempre compensa por culpa de la fragilidad y la poca durabilidad del formato) con alrededor de 24 ó 32 páginas y encuadernadas con grapa. Su origen como producto vendible a través de los kioscos tampoco ha ayudado mucho a su reconocimiento, algo que no ocurrió, sin embargo, con las publicaciones recopilatorias de tiras diarias que sí podían encontrarse habitualmente en librerías generalizadas (Couch). Hay que decir que, aún hoy, éste sigue siendo el caballo de batalla en el reconocimiento de los cómics, aunque la situación es aún si cabe peor, pues se ha pasado de la venta en kioscos (ahora bastante minoritaria) a la venta sólo en librerías especializadas con cierto carácter de marginalidad.
Bozal, Valeriano. "El siglo de los caricaturistas". Madrid: Historia 16, 2000.
Coma, Javier. "Con nombre propio". En: Cómics. Clásicos y modernos. Madrid: El País, 1988, p. 8.
Couch, Chris. "The publication and formats of comics, gaphic novels, and tankobon". En: I&N, image and narrative, n. 2.
Guiral, Antoni. Terminología (en broma pero muy en serio) de los cómics. [S. l.]: Ediciones Funnies, 1999.
Lefèvre, Pascal. "The importance of being 'published'. A comparative study of different comics formats" (extracto).
Marschall, Richard. "Origen y desarrollo de la serie en tiras diarias". En: Historia de los cómics, v. I, Barcelona: Toutain Editor, 1982-1983, pp. 29-36.
Jesús Castillo Vidal - jcastillo@baratz.es