La historieta es, por excelencia, el medio menor de la comunicación, el más denostado por el resto de medios a la vez que uno de los más populares. La escasa aplicación industrial del relato escripto icónico, ora por su procedencia de la caricatura (de naturaleza bufa) ora por su carácter breve y efímero, sumado a la escasa consideración que el medio arrastró durante su desarrollo a lo largo del siglo XIX y las primeras décadas del XX, convino en que pronto se depreciara su naturaleza y verdadero valor comunicativo cuando se convirtió en medio de masas.
Por tal razón pocos fueron los estudios de comunicación o historiográficos serios preocupados por el funcionamiento de su lenguaje, por su naturaleza dual o por su historia.
En España, por ejemplo, existen bastantes análisis sociológicos y acercamientos historiográficos al medio pero carecemos de un lexicón adecuado y correcto de nuestra historieta y tampoco contamos con manuales terminológicos, estudios semiológicos en profundidad o nuevas propuestas en campos como la narratología. Y la verdad es que esta falta de planteamientos teóricos dificulta los trabajos elaborados durante las últimas décadas, en los que se vuelven a dar cita errores resueltos antaño y no se termina de abordar con rigor científico el análisis de las particularidades del medio. Y una de las cuestiones fundamentales que falta por resolver en torno a la historieta es responder a las preguntas "¿Cómo podríamos definir la historieta?" y "¿qué denominación es más justa para el medio?".
Sorprende que hasta ahora no se haya aportado una definición de historieta, como si fuera imposible abarcar todo el medio. Generalmente se ha definido usando las cualidades de otros medios como la literatura o la cinematografía. Algunos autores son conscientes de la dificultad y han estimado improductivo abordar esta definición, pues usar herramientas de otros medios adulteraría el resultado.
Marco Pellitteri, en Sense dei comics ponía el dedo en la llaga al comentar que al hibridarse dos estrategias comunicativas en la historieta, la escrita y la dibujada, se imponía previamente una realfabetización de nuestra culturalidad, porque de lo contrario la definición del medio sería una inafferrabilità. No obstante, creemos que es posible y necesario abordar una definición del medio que sea útil, con el fin de contextualizarlo junto a otros medios, definir nuevas líneas de investigación, y abordar su estudio desde enfoques de otro tipo.
Para abordar una nueva definición es necesario tener presentes las definiciones previas. Varios autores (partiendo de la de 1947 de Coulton Waugh) han coincidido en una definición elemental, bastante genérica, que podría sintetizarse en: relato que se transmite mediante imágenes colocadas sucesivamente.
Esta definición ha venido siendo la utilizada por muchos autores, incluso el pionero del medio Töpffer, quien añadía la cualidad del texto que, al adjuntarse, confería al resultado un valor añadido (texto sin imágenes poco significa, imágenes sin texto no se entienden). Pero detenerse en la cualidad narrativa es insuficiente, porque este tipo de definición genérica también puede aplicare a un texto no ilustrado, incluso a un semáforo.
Ludolfo Paramio acudió a la semiología para completarla, pero de nuevo tropezó con la generalización: Semiótica connotativa de primera especie establecida sobre dos semióticas. Subrayó algo importante: que en este medio los signos pasan a ser significantes, pero hoy en día cine, publicidad o hipermedia pertenecen también a esta especie de semióticas. Para salir de este cajón de sastre habría que considerar que los elementos lingüísticos del medio son de distinta naturaleza; para entendernos: no deberíamos analizar la historieta desde una perspectiva literaria porque las palabras acaban integrándose en el lenguaje del medio como signos que se suman en calidad de significantes también.
Gubern hizo una aportación
interesante al ampliar la definición del medio
a: Estructura narrativa formada por secuencias
progresivas de pictogramas donde pueden integrarse
elementos de escritura fonética. El autor
se refería aquí más a su calidad
de discurso sintagmático que a su naturaleza
seriada e impresa. 
Imagen extraída de: Lambiek.Net
Siendo fieles a lo anterior también la policromía sita en un altar pasaría por historieta. Por pictograma entiende Gubern un conjunto de signos icónicos que representan gráficamente a los objetos que se tratan de designar, por lo que ni discrimina lo tallado de lo dibujado, ni contempla el espectro de las ideas; además, luego asimila este concepto al de "viñeta". La última parte de la definición también es discutible, pues de ella se extrae que los elementos en las historietas no revisten el carácter discursivo lingüísticamente organizado. Juan Antonio Ramírez llegó más lejos en su definición: definiremos el género como un relato icónico-gráfico o iconográfico-literario destinado a la difusión masiva en copias mecánicas idénticas entre sí, sobre soporte plano y estático, y cuyos códigos (icónico y eventualmente literario) tienden a integrarse en sentido diegético-temporal. El esfuerzo de este autor es destacable, pues ya contempla distintas naturalezas del medio en su definición: la artística (describe el relato dual), la industrial (lo liga a la producción y su difusión) y la narrativa (el caso del tiempo). Pero no precisa qué características distinguen al medio de otros: si nos ceñimos al sentido estricto de esta definición, a ella se adecuaría un ejemplar de la revista Hola! donde las imágenes dieran cuenta de una boda. Aparte, el cómic no es un género, grave error de consideración.
Más recientemente, el americano Scott McCloud estableció para el cómic la siguiente definición de carácter general: Arte secuencial. Algo tan vasto no puede definir concretamente nada, "arte secuencial" es desde dos bisontes de Altamira pintados uno junto al otro hasta un montaje videográfico con elementos hipermedia. McCloud aportó como definición particular: ilustraciones yuxtapuestas y otras imágenes en secuencia deliberada con el propósito de transmitir información y obtener una respuesta estética del lector. Esta segunda definición es más completa pero aún poco precisa, en realidad nada aporta a la teoría sobre el lenguaje del medio (toda secuencia es deliberada si hay una intencionalidad creativa) y el hecho de transmitir información es labor también de otros medios (la revisa Hola!, por ejemplo, podría ajustarse a esta definición).
Ante el vacío existente, nos atrevemos a aportar una definición más compleja que reza así: Medio de comunicación que usa un sistema constituido por dos órdenes sígnicos (imagenes fijas y eventualmente textos) interdependientes entre sí y que mediante imágenes por lo común yuxtapuestas en secuencia permiten al lectoespectador la libre reconstrucción espaciotemporal de un relato que se sirve impreso (supeditado a un soporte de prensa usualmente seriado) y reproducido para su difusión múltiple en función de un público consumidor. Aquí se identifica al medio, se expone su naturaleza múltiple: lingüística, artística, narratológica e industrial, y se apura su distintividad mutable con respecto a la diéresis espacio temporal. También se concreta la presencia de un "lectoespectador", un lector que ve y lee al mismo tiempo -no sólo un lector, no sólo un hojeador- y cuya interacción con el medio, basada en la reinterpretación que hace de lo interpretado por el creador, da como resultado la interpretación de la creación / obra comunicativa final.
Se ha venido utilizando para las definiciones anteriores el término historieta en referencia al medio que nos ocupa. Para muchos es más ampliamente conocido como cómic desde que esta denominación, un anglicismo, se estableció en nuestra lengua debido al uso masivo que los medios de comunicación hicieron de él a partir de los años sesenta del siglo XX.
El rechazo de la denominación vernácula “historieta”, que existe documentado desde finales del siglo XIX (según Antonio Martín, desde 1893) se halla ligado a la misma falta de consideración del carácter cultural o comunicativo del medio al que aludíamos al principio. Por desgracia, nuestros diccionarios no precisan que con “historieta” se aluda a un medio de comunicación nuevo, sino que el término queda ligado a la voz “historia”: “1. f. d. de historia. 2. Fábula, cuento o relación breve de aventura o suceso de poca importancia. 3. Serie de dibujos que constituyen un relato, con texto o sin él.”
Actualmente, el barbarismo cómic se halla aceptado por la RAE, que recoge la voz como “1. Serie o secuencia de viñetas con desarrollo narrativo. [y] 2. Libro o revista que contiene estas viñetas.” A cómic, pues, le ha sido adjudicado el doble significado de modelo o medio comunicativo y el de objeto o soporte comunicativo. Este objeto o soporte es lo que comúnmente denominamos “tebeo”, en alusión a la popular revista de humor TBO cuyo nombre se popularizó en boca de los españoles desde los años de 1920-1930, quedando impostada la sinécdoque desde entonces pese a que aquel no fue el primero de los tebeos españoles. Para la voz tebeo, la RAE previene (aparte de “tebano”, en desuso): “De TBO, nombre de una revista española fundada en 1917. 1. m. Revista infantil de historietas cuyo asunto se desarrolla en series de dibujos. 2. Sección de un periódico en la cual se publican historietas gráficas de esta clase.” Le añade valor como adjetivo: “estar más visto que el tebeo. 1. fr. fam. Estar demasiado vista una persona o cosa”.
Etimológicamente, cómic solamente es apócope de una primera designación en los Estados Unidos, donde las comic strips y las comic pages identificaban las tiras y páginas de historieta, respectivamente, que aparecían en la prensa. La cómoda utilización del adjetivo “comic”, que alude a lo cómico, recuerda un género o una temática porque los primeros cómics de aventuras realistas tardarían en aparecer. Es decir, se utiliza sólo una característica de orden funcional para formular la denominación completa: cómic, por ser mayoritariamente humorísticos en su origen, funnies, por ser productos dirigidos al entretenimiento, chistes (denominación local en España), por resultar graciosos, etc.
En otros países también se ha cometido el “error” de denominar al medio de forma parcial, destacando una sola condición estructural: por ejemplo, la de la secuenciación, que es lo que viene a significar en japonés manga; en Francia se alude a las partes de la más habitual estructura de publicación, bande dessinée (bandas dibujadas, pues además de tener esta estructura las tiras para los periódicos, también los álbumes se componían tradicionalmente de dos o tres bandas o franjas por página); en Brasil se atañe a sintagmas con su denominación de cómics: historias em quadrinhos (o sea, historias en cuadraditos); en Italia se acude a un elemento lingüístico específico y no necesariamente presente en las historietas, los fumetti (o fumetto, por las “nubecillas” que contienen los diálogos y pensamientos de los personajes); lianhuanhua, denominación china, significa imágenes encadenadas en alusión de nuevo a una característica formal. Como formal también es la que subyace en el término cartoon o en el clásico caricaturas o historias en caricatura, que aún se usa en países latinoamericanos como Costa Rica.
Es decir, en general, la denominación del medio en los países de habla no hispana se acerca menos a su naturaleza narrativa de lo que se acerca en Latinoamérica y en España, puesto que nuestra designación, historieta, viene a significar “historia pequeña” o “historia menor” en alusión a que se trata de una representación esquemática de lo que sería una historia narrada. Los detractores de este término, acaso por considerarlo un casticismo, se equivocan al creer que tiene carácter peyorativo. En realidad, "-eta" es aquí un sufijo diminutivo, no despectivo, ya que no existe la construcción “historiita”, y viene a señalar que, en efecto, este medio nos brinda “historias cortas”, relatos condensados. En varios diccionarios enciclopédicos recientes, añaden a la definición de la RAE de “historieta” un respaldo a esta idea: “Serie de dibujos que constituye un relato cómico, dramático, fantástico, policíaco, de aventuras, etc., con texto o sin él. Puede ser una simple tira en la prensa, una página completa o un libro.”
Durante las últimas décadas del siglo XX, los nuevos lectores de cómics se han planteado un rescate de denominaciones más antiguas por entender que con “cómics” se designaba a las publicaciones dirigidas a públicos maduros (durante un tiempo se usó “cómix” para las historietas underground o para las de género pornográfico) o también aquellas pobladas por superhéroes y creaciones llegadas de EE UU o Reino Unido. En el saber popular flotaba la idea de que con “tebeos” sólo entendíamos las publicaciones hechas en España y generalmente dirigidas al público infantil. Se trata de un error al que han contribuido grandemente los medios de comunicación, tanto los generales como los especializados, pues no insistieron sobre el particular. Finalmente, las nuevas generaciones de periodistas han terminado por usar el término “cómic” como moneda de cambio entre medios, y con él se han venido refiriendo al cine animado, a los juegos de rol, los videojuegos e incluso a los filmes de imagen real pero efectistas o de acción trepidante y guión plano. En Cataluña, además, se planteaba otro problema, pues “cómic” existe en esta lengua en referencia a lo cómico.
Actualmente se viene observando otra tendencia restauradora, la de utilizar el término “tebeo” para designar al medio. Es un uso que no sólo se contempla entre periodistas no especializados, también entre divulgadores del ámbito de la historieta que lo han abrazado acaso en busca de cierta etiqueta de identidad. Empero, con tebeo se designa un modelo de publicación, un formato, e incurrir en el abuso de la sinécdoque implicaría un paso atrás, pues en la memoria colectiva el tebeo ha servido tradicionalmente para identificar las publicaciones sin importancia y dirigidas a los niños.
En los medios de comunicación, cómic y tebeo se barajan habitualmente para designar al medio que en realidad consideran un género. Desde las atalayas académicas debería insistirse en el uso del término historieta, por su utilización mayoritaria en la literatura científica española y, sobre todo, latinoamericana, y por la cualidad de acoger mayor significado que tiene su significante.
Manuel Barrero - Tebeosfera - Tebeosblog