Hoy día podríamos decir sin temor a equivocarnos que apenas existe una producción de cómics destinado al publico infantil. Sin embargo, como veremos a lo largo de este texto, el problema no es que a los niños no les guste leer cómics, es que prácticamente no tienen nada sobre lo cual escoger. Es cierto que, tomando cierta actitud victimista, se comenta continuamente que los videojuegos han venido a relegar al cómic como recurso principal para el ocio de los niños. Pero también es cierto que el éxito masivo del que disfrutan hoy día los videojuegos es muy posterior al olvido que el mundo del cómic ha demostrado sobre los más pequeños de la casa. No es cuestión de, como siempre, echarle las culpas a los demás, más bien hay que ver qué se ha hecho mal en esta labor promoción de la historieta para corregir malos hábitos e intentar reproducir los aciertos que otros medios han tenido a la hora de evolucionar y establecerse como opción de ocio.
Volviendo la vista a la lectura, la novela infantil y juvenil (sobre todo el cuento ilustrado de siempre) ha venido en los últimos años a cubrir también un hueco importante en la labor educativa de los menores (sin duda favorecido por el efecto llamada de Harry Potter). Aunque ciertamente aún hoy despierta ciertos recelos en algunos contextos, la literatura infantil va ganando terreno muy rápidamente. ¿Qué es lo que hace el mercado del cómic para presentar sus bazas a educadores y padres? Prácticamente nada: pero sigue en su empeño de buscar fuera las causas del problema; lo que no se puede hacer, desde nuestro punto de vista, es intentar defender un medio atacando a otro, como hace uno de los mejores guionistas de cómic en España, Felipe Hernández Cava, cuando incluye "el arraigo, en las dos últimas décadas, de la literatura infantil y juvenil como primera lectura" como una de las razones en el abandono de los cómics por parte de la infancia. Y creemos que es un error por varias razones:
Muchos dibujantes de cómics encuentran en la ilustración de estas obras una via de escape a una situación laboral de crisis (Alejo, 2003), aparte de ser un campo donde poder desarrollar su calidad artística. Desde luego, lo que no compartimos son ideas del tipo "debería revisarse el criterio de los derechos de autor por el que un escritor de una serie de bobadas cobra un mayor porcentaje que el dibujante que, por lo general, presta a esa obra cierta decencia, y a veces magneficiencia, con su labor" (Hernández Cava). Comentarios de esta naturaleza, que los aficionados al cómic no nos gusta escuchar en relación al medio, no deben hacerse tampoco contra ninguna otra manifestación cultural, ya que estaríamos incurriendo en la misma actitud que criticamos con respecto quien dice lo mismo sobre la historieta.
Hay que defender el cómic desde sus ventajas, sus características, incluso descubriendo sus inconvenientes o limitaciones, pero no intentando desprestigiar la literatura infantil que, nos guste o no, se ha constituido como via principal para la iniciación a la lectura del niño. Seguir ese camino es llevar a una guerra que no se podrá ganar jamás.
Pero aún hay una razón más, quizá la más importante, no sólo porque es la que explica la verdadera realidad de esta situación, sino porque además demuestra que la renuncia a la lectura de cómics en edades tempranas es un hecho global: "los niños no abandonaron los cómics; los cómics, en su intento de lograr el respeto y el estatus artístico, abandonaron a los niños". Estas palabras las pronunció Michael Chabon, autor de cómics estadounidense en uno de los eventos más importantes a nivel mundial, la Comic-Con de San Diego, en el año 2005.
Este triste proceso explicado tan bien por Chabon (y en tan pocas palabras) no se ha producido de un día para otro, ha durado varios años y en realidad empezó en la década de los 70 y fue sobre todo en los 80 cuando se afianzó definitivamente: el llamado boom del cómic adulto. Fue a partir de esos años cuando se intentó iniciar una evolución de los cómics buscando la consideración cultural, desarrollando unas excelencias artísticas que trajeran su reconocimiento como manifestación adulta, dejando de lado un rico pasado basado principalmente en el público infantil y juvenil. No se puede decir que las consecuencias de esa tendencia puedan ser peores: no sólo no se ha conseguido ese reconocimiento cultural (por mucho que nos empeñemos la presencia residual del cómic en los medios de comunicación obedece más a la presencia puntual de aficionados dentro de ellos que a un reconocimiento real) sino que ademas se ha perdido (esperemos que no para siempre) la auténtica cantera que proveía de nuevos lectores.
Por supuesto no es una situación buscada deliberadamente, ni es una consecuencia en principio que se pudiera preveer, pero relmente la situación actual es fruto de lo realizado años atrás. Lo más preocupante es que Chabon, siendo americano como es, hizo esa afirmación pensando en el mercado norteamericano, desde luego muy distinto al que nos podemos encontrar aquí, pero que sin embargo vemos que, en cierta medida, su comportamiento es similar. De cualquier forma no podemos únicamente achacar a esta búsqueda de la madurez todos los problemas que hoy día posee el mundo del cómic. Son varias las causas que han provocado una crisis que parece ya durar siempre, eterna e imposible de superar. En las últimas semanas dos populares weblogs nos han presentado dos visiones complementarias de lo sucedido en España en los últimos años. Estos textos, interesantes todos ellos, están basados en los recuerdos de dos personas importantes en el contexto del cómic nacional y muestran la forma en la que ha evolucionado el sector, proporcionándonos algunas claves:
Sin embargo, la gran paradoja es que existe un mercado potencial bastante grande, como lo atestigua el éxito de revistas orientadas al público infantil y juvenil donde el cómic juega un papel principal: W.I.T.C.H., Dibus y Mister K, son sólo unos ejemplos de que la venta en kiosco (prácticamente olvidada por el cómic) puede ser una tribuna interesante desde donde ofrecer unos productos acordes con el lector final. El problema es que no siempre el producto se acomoda a ese lector, y se ofrecen materiales pensados y diseñados más al gusto del coleccionista nostálgico, con lo que al final el producto se encarece o bien pasa directamente a ser vendido en librerías especializadas, con lo que su distribución es menor.
En este caso el panorama no es tan desolador, encontrándose una oferta bastante amplia en el mercado destinado a este público: desde manga al cómic de superhéroes pasando por el de origen europeo. En este grupo nos encontramos con los clásicos de la historieta (sobre todo la europea) como son: Astérix, Lucky Luke, Tintín, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, etc. que son continuamente reeditados por las editoriales y que es posible encontrar en diversos formatos (el gran Talón de Aquiles del cómic de superhéroes, casi siempre editado en formatos frágiles y de poca duración, poco prácticos para su uso en bibliotecas), todos ellos muy apropiados para su presencia en bibliotecas y que son válidos para el conjunto de lectores enmarcados entre los rangos infantil y juvenil propuestos. El problema es que a la hora de las recomendaciones, siempre se recurre a las mismas colecciones, como si no existiera un relevo generacional importante en cuanto a las obras. En este punto hay que hacer especial mención a la reciente publicación de algunas de estas obras por parte de la editorial Planeta-de Agostini (en su sección de cómics) de forma directa en kioscos, recuperando algunas colecciones que ya era complicado encontrar en el mercado.
En estas edades, la biblioteca escolar y la pública deben aunar esfuerzos para conseguir desarrollar en el niño-adolescente un sano hábito de lectura, constituyéndose en el nexo de unión con la literatura infantil, ofreciéndoles materiales más acordes con su edad. Es sin duda en este período de formación de una persona cuando se produce el primer acercamiento (llamémosle serio) a la cultura, y que puede marcarle el camino a seguir en el futuro, con lo que los pasos a seguir son importantes. De esta forma, aparte de las colecciones ya mencionadas deben buscarse los títulos y colecciones apropiadas para que ese tiempo de ocio se convierta también en un tiempo de descubrimientos, donde se pasa a lecturas más complejas en todos los sentidos, dejando de lado (si así lo desea, por supuesto) la literatura infantil propiamente dicha. Sin ninguna duda es un período crítico en el proceso educativo.
Probablemente uno de los cambios más significativos sea el que de la lectura de una obra es posible extraer diferentes significados (Texeidor). Por poner un ejemplo sencillo: si le damos a un niño de 10-12 años el cómic La vuelta a la Galia, verá una divertida aventura donde Astérix recorre toda Francia (si acaso sabe ya que en época romana era conocida como Galia) para ganar una apuesta a los romanos. Sin embargo, un adolescente puede ir descubriendo ya por sí mismo que en realidad los autores están jugando con las características, los estereotipos y las costumbres de las diferentes regiones que conforman el país. Casi un catálogo etnográfico (salvando las distancias, por supuesto). Con este ejemplo podemos observar claramente como la distinción entre cómics infantiles y juveniles no siempre es clara, ya que hay obras que son idóneas para ambos períodos.
De todo ello podríamos afirmar que la etapa juvenil, llegado el caso, podría además subdividirse en otras dos fases: una primera inicial que sirva realmente de transición desde la infancia y otra posterior que sea el nexo de unión real hacia la madurez intelectual. Tanto en un caso como en otro la selección de cómics es bastante amplia y aparte de sus innegables capacidades como recurso de ocio, puede ser interesante utilizarlo como un recurso educativo más en las aulas, como sucede en algunos casos con la proyeción de ciertas películas, en puntos como los siguientes:
Al acercarnos al cómic adulto debemos hacerlo dejando de lado todo tipo de prejucios creados en relación a él, y que en definitiva han venido a expandirse hacia la totalidad del medio. Lo que queremos decir es que no se puede equiparar el cómic adulto con obras de carácter pornográfico o erótico. Son dos formas diferentes de catalogar y clasificar, una basada en el público al que va dirigido teniendo en cuenta su madurez intelectual y cultural así como la forma en la que se enfrenta a la obra; la otra dependiendo del género y la naturaleza del relato. Un cómic erótico siempre estará destinado a los adultos, pero no todo lo adulto se puede denominar como erótico. Por otra parte, tampoco podemos caer en el error de que conforme vayamos subiendo en esta supuesta escala (de infantil a adulto) se vayan quedando las obras también atrás, ni mucho menos, evidentemente un lector adulto puede disfrutar tanto o mas de cómics realizados para niños o adolescentes (de hecho ocurre así).
De cualquier forma hay que decir que, en la mayoría de los casos, una persona adulta que haya llegado a su madurez cultural y personal difícilmente se convertirá en lector de cómics si antes no lo ha sido o ha tenido una experiencia anterior con la lectura de este tipo de obras. La razón es obvia: es necesario un proceso de aprendizaje de los códigos y la sintáxis propia de la historieta (Castillo):
Los problemas que rodean al cómic son innumerables. Unos son creados desde dentro su propio contexto y otros ya le vienen impuestos desde fuera. Debido a la gran cantidad de prejuicios que nos podemos encontrar desde el mundo de la cultura y la educación, es especialmente interesante y útil llevar a cabo una buena selección de obras teniendo en cuenta la edad del público al que nos queremos dirigir. Una mala elección puede dar al traste con una gran cantidad de esfuerzos en pos de la promoción de la historieta. Estos problemas de integración del cómic como elemento cultural parece ya algo innato en él a pesar de ser un buen medio para iniciarse a la lectura; por lo tanto, para acercarse a él hay que tener en cuenta ciertas cuestiones:
Artium repasa el cómic infantil de la
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Jesús Castillo Vidal