Cómics y bibliotecas
Aproximación a las características
documentales del cómic para su
catalogación en bibliotecas.
Jesús Castillo, Área
de implantación de proyectos de
Informática Documental de Baratz (Madrid), y
responsable de la sección de cómics del
portal @bsysnet.com.
1. Introducción
El mundo bibliotecario tradicionalmente le ha prestado
poca atención al cómic en la
búsqueda de soluciones que intenten corregir los
problemas que afectan a su descripción
bibliográfica en los catálogos de
nuestras bibliotecas. La necesidad de establecer un
corpus teórico medianamente válido y
útil a los profesionales que se enfrentan a
diario al reto de aplicar nuestras reglas de
catalogación a este tipo de documentos ha sido
uno de nuestros objetivos en la sección de
cómics del portal @bsysnet.com a lo largo de
estos meses. Para ello hemos contado con la ayuda
importantísima tanto de especialistas en el
medio como de los propios creadores que han colaborado
de forma desinteresada y a los cuales les agradecemos
sus aportaciones.
Otro de los objetivos que hemos pretendido cumplir ha
sido acercar la realidad que lo rodea al contexto
bibliotecario, para que se puedan entender muchas de
sus características. Se ha buscado,
básicamente, desterrar los prejuicios nacidos
alrededor de este medio desde una postura de respeto y
comprensión de su naturaleza, intentado ofrecer
tanto sus bondades como sus carencias, evitando caer en
el victimismo del que normalmente adolecen los textos
que tratan estas cuestiones. Por supuesto, una cosa son
nuestros objetivos y otra muy distinta que los hayamos
conseguido alcanzar.
2. Aspectos principales para el establecimiento de un
criterio de catalogación legítimo
Una de las cuestiones más importantes a resolver
es, como hemos indicado al comienzo, la creación
de un corpus teórico válido sobre el que
asentar teorías, desarrollos conceptuales y todo
aquel material de estudio que un medio que busca la
consideración académica necesita para su
aceptación. El hecho de que libros publicados en
la década de los 60 del pasado siglo (sobre todo
los escritos por Umberto Eco y
Terenci Moix en menor medida
-recientemente reeditado-) sigan siendo unos de los
pilares sobre los que se asienten trabajos
teóricos no es síntoma de buena salud.
Desde luego no es el mundo bibliotecario desde donde
deben venir las respuestas, pero quizá, puesto
que nadie intenta remediar la situación, no
sería mala idea que utilicemos nuestro criterio
sistemático, con tantos años de uso a
nuestras espaldas, para encontrar ciertas soluciones.
Desde el punto de vista estrictamente bibliotecario,
algunos de los problemas detectados en nuestros
catálogos serían los siguientes:
- Definir correctamente el contexto
terminológico adecuado: cómic,
historieta, tebeo, etc. Aunque en teoría es un
problema superado, no lo es tanto si atendemos a la
confusión generada fuera del mundo de los
cómics, que aún no sabe muy bien
cómo denominarlos.
- En consonancia directa con el punto anterior,
sería conveniente establecer los vínculos
correctos con otros medios o disciplinas
artísticas similares para así dejar
indicada esta relación de forma satisfactoria en
las clasificaciones: humor gráfico,
cómic, tiras de prensa, etc. son documentos que
también podemos encontrar en nuestras
bibliotecas y es necesario diferenciar. Es conveniente
establecer claramente los orígenes y definir sin
dudas las carácterísticas documentales de
cada uno para comprender el presente.
- Existen diversidad de formatos de
publicación, la mayoría de ellos
visiblemente diferentes e identificables con claridad.
En un medio como el cómic donde el aspecto
gráfico es tan importante y éste se
encuentra tan determinado por el formato en el que
está editado, en nuestra opinión es un
error no reflejar esa información en los
catálogos. Es un tema que ya tratamos en
@bsysnet.com aquí
y aquí.
- Desde un punto de vista bibliotecario más
estricto, habría que luchar por el
reconocimiento por parte de los estamentos
responsables: ni las ISBD, ni las Reglas de
Catalogación ni el formato Marc en cualquiera de
sus variantes han sido capaces de recoger el
cómic como elemento diferenciador a pesar de que
sus características documentales y de
publicación son ciertamente originales y
diferentes al resto de los materiales presentes en las
bibliotecas. Se les ha asignado equivocadamente el rol
de monografías, lo que ha llevado a graves
errores en las políticas de catalogación
y descripción bibliográfica. Aún
estamos a tiempo de solucionar la situación.
- Para poder llevar a cabo un control de esa
información, sería conveniente dejar
atrás los problemas derivados de las
políticas caducas de catalogación que en
general se aplican en la actualidad y ancladas en un
pasado de fichas impresas que hoy no tiene sentido ni
existe. Los cómics, al igual que el resto de
documentos han sufrido, aún más si cabe,
estos problemas.
- Una cuestión fundamental es la
elección de lo que podríamos denominar
"unidad de básica documental".
Teniendo en cuenta que en la edición de
cómics nos podemos encontrar unidades
bibliográficas (similares a lo que conocemos
como monografías), revistas y analíticas
(las grandes perdedoras del proceso de
catalogación), junto con conceptos ligados a la
edición de obras en varios volúmenes pero
dependientes entre ellos narrativamente hablando (donde
es imprescindible la lectura ordenada y secuencial de
cada uno de ellos), o volúmenes recopilatorios
(término que podría asemejarse a las
antologías) hace necesario que se establezcan
unas pautas lo más razonables posible
encaminadas a un control real de la producción.
Si nos guiásemos por el catálogo de
nuestra Biblioteca Nacional, que demuestra una
gran falta de respeto hacia el medio, grandes autores
como Joan Rafart Roldán
(más conocido como Raf),
Manuel Vázquez, Carlos
Conti Alcántara (Conti), etc.;
infinidad de autores de este país cuya
amplísima producción vio la luz en su
mayor parte a partir de contribuciones en revistas,
apenas tendrían publicados un par de obras. Lo
más razonable es que agradezcamos las horas que
pasaron intentando hacernos reir reconociendo su
trabajo en la biblioteca que actúa como cabecera
de nuestro sistema. Habría que prestar especial
atención al tema de los formatos, ya que existen
algunos de ellos ciertamente complejos de catalogar y
si no se sabe llevar a cabo una adecuada
política podemos llegar a tener una inquietante
falta de información (de hecho está
ocurriendo así): es inadmisible que en los
catálogos nos encontremos con la
catalogación, en un único registro
bibliográfico, de toda la colección
completa de Astérix, por ejemplo,
obviando por completo una riquísima realidad
artística.
- Por último, un criterio muy a tener en
cuenta es que en la publicación de cómics
lo más frecuente es que la unidad
bibliográfica, el volumen, físico, no
pueda ser entendido como un elemento independiente y
aislado. En la actualidad, aunque no hay datos que lo
reflejen, ni estudios llevados a cabo para analizar la
cuestión, es un hecho real que la
publicación de obras se enmarca dentro de un
contexto que supera el del ítem
bibliográfico que entendemos como tal, ya sea
porque narrativamente hay continuidad en varios
volúmenes, o porque se da la circunstancia de
que existe un personaje que ofrece esa continuidad a
una serie, dándole además un nombre
colectivo (que debe ser normalizado en ambos casos) a
un conjunto de volúmenes. Por otra parte, en el
mundo de los cómics también cobra
especial importancia el dato referido a la
colección editorial donde se ubica la
publicación de una obra, por lo que habrá
de tenerse también en cuenta.
De esta forma, podríamos brevemente indicar que
los objetivos de la catalogación de documentos
en general, y de los cómics en particular,
deberían ser:
- Uniformidad.
- Coherencia con los tipos documentales presentes.
- Recuperabilidad de información en todos los
sentidos y desde diversos aspectos clasificatorios,
prestando especial atención al opac como puente
entre la información y el usuario no
especializado.
- Evitar redundancias que sólo consiguen hacer
perder el tiempo a los profesionales de las bibliotecas
y que la mayor parte de los usuarios no comprenden.
- Así pues, tener presentes las necesidades de
los usuarios potenciales: la mayor parte de los
catálogos comerciales de las editoriales
presentan información más útil que
los elaborados por los profesionales de las
bibliotecas.
- Aprovechar al máximo la potencia de los
actuales SIGB y que la mayor parte de las bibliotecas
disfrutan en la actualidad. Tanto desde el punto de
vista de la herramienta que utilizan internamente los
bibliotecarios en su trabajo diario como del Opac, que
es la puerta de entrada de los usuarios.
- Intentar difundir información de calidad,
con lo que es necesario la colaboración tanto de
los bibliotecarios encargados de realizar la
catalogación, como de los responsables que
deciden la política al respecto que se debe
llevar.
- A pesar de nuestra crítica inicial a estas
normas, si se usan correctamente las herramientas
clasificatorias y catalográficas que los
bibliotecarios tenemos a mano se pueden establecer
potentes productos de distribución de
información gracias a las aplicaciones que de
por sí llevan incorporadas la mayor parte de los
Sistemas Integrados de Gestión Bibliotecaria.
Sólo hace falta un poco de voluntad por parte de
todos los implicados en el proceso.
3. Catalogación de cómics: soluciones y
propuestas
Básicamente, en el contexto de la
catalogación automatizada en España nos
movemos en un triángulo cuyos vértices lo
forman las ISBD, como norma internacional reguladora de
las descripciones bibliográficas, las Reglas de
Catalogación (RC) que son las normas nacionales
que rigen la forma en que esos elementos han de ser
representados en la descripción
bibliográfica y por último, el formato
Marc (en cualquiera de sus variantes) que ha sido
probablemente el mayor éxito de cara a la
normalización de la catalogación en un
entorno automatizado, a pesar de los evidentes errores
conceptuales en los que incurrieron sus creadores.
Puesto que el formato Marc permite conjuntar tanto las
ISBD como las RC, nuestra exposición se
basará en soluciones a adoptar desde este punto
de vista y sólo en aquellos casos donde creemos
que hay conflicto o las soluciones adoptadas en la
actualidad no sean las correctas.
a. Cabecera y campos de longitud fija (T008)
Estos campos especiales recopilan datos, la
mayoría controlados por una serie de
códigos alfanuméricos de significado
invariable, que muchos SIGB utilizan para la
automatización de ciertos procesos, sobre todo
en la visualización de la información.
Aunque la mayor parte de los datos no son visualizables
por parte del usuario ni buscables o recuperables, no
debemos descuidar su atención en estos aspectos
pues pueden provocar pérdida de
información o errores importantes de
clasificación.
b. Campos relacionados con la descripción de
contenido (organización conceptual)
b.1. Puntos de acceso.
b.1.1. Principal. Partiendo del hecho
de que la asignación de un punto de acceso
principal es una herencia caduca del pasado, y que
debería ser desterrada de los procesos
catalográficos por haber dejado de tener
sentido, podríamos afirmar que la norma general
aplicada de que la obra encabece por el autor es, en
este caso, ciertamente poco afortunada. Sobre todo
teniendo en cuenta que un cómic suele ser, en un
buen puñado de ocasiones, una obra colectiva
donde al menos participan dos autores, con funciones
claramente diferenciadas. A pesar de todo las normas
nos dicen que, de forma arbitraria, sea el autor que
tipográficamente aparezca el primero aquel por
el que se encabeza la obra. Pero además se cae
en la sinrazón de tener que incorporarlo a la
descripción de la misma forma en la que aparece
en la portada; nos encontramos de esta manera con obras
encabezadas, por poner un ejemplo, por
"Goscinny", como si el genial guionista galo
no tuviera un nombre fácilmente localizable.
Dado que el criterio de encabezar por autor no
sólo se demuestra insuficiente, injustificado y
caprichoso, sino que además se aplica mal,
quizá sería conveniente buscar una mejor
solución. Nuestra propuesta es, sin entrar en
más detalles (ya llegará el momento de
desarrollar más los motivos) que las obras
encabecen por el campo T130 (encabezamiento principal
de título uniforme) cogiendo como dato el nombre
de la colección si la hubiere y, en ausencia de
este dato, sea el propio título de la obra
(campo T245) el elegido para el encabezamiento; pero
nunca el autor, aunque éste sea único.
Dado que las estrictas normas bibliotecarias
impedirían dar este paso, sobre todo con las
actuales redes bibliotecarias que llevan un
férreo control de este dato, algunas propuestas
alternativas serían:
- Seguir con el criterio actual de encabezar por
autor pero utilizar un campo T240 (título
uniforme) para consignar el nombre de la
colección. Algunos catálogos utilizan
esta opción pero utilizando el nombre del
personaje principal: Blueberry,
Astérix, Spirou... Creemos que
es una medida que no soluciona el problema de forma
correcta pues la mayoría de estas colecciones
tiene un título conocido que se puede normalizar
sin mayores complicaciones.
- Seguir con el criterio actual de encabezar por
autor pero crear una etiqueta T830 (encabezamiento
secundario de serie-título uniforme), dejando de
lado incluso la utilización de las etiquetas
T490 y T440 que lo único que provocan es la
redundancia en los datos.
Como vemos, un objetivo a conseguir, creemos que
importante, es la normalización real en los
catálogos (con todo lo que ello implica
también en cuanto al establecimiento de
relaciones) del nombre de la colección y que
éste adquiera el estatus real de autoridad (es
decir, dado de alta en la base de datos de
autoridades), con lo que incluso el campo T440 tampoco
resultaría útil. Esta medida
debería ser aplicable independientemente del
tipo documental que estemos catalogando y no
sólo sugerimos esta solución en el caso
de los cómics.
b.1.2. Secundarios. En este caso los
problemas vienen derivados de la reticencia a crearlos
en toda su extensión. Las políticas de
catalogación que indican que no recomiendan
crearse mas de 3 dentro de un mismo tipo (ya sea de
autor, materia o título) creemos que es una
opción muy desacertada, y suele afectar de forma
muy negativa y directa a la catalogación de los
cómics.
b.1.2.1. Autor (T100, T700). Dado que
las normas dicen que las obras encabecen por el primero
que aparece y para el resto se crean los secundarios,
hay que insistir en la conveniencia de crear para todos
los autores presentes en la obra. Insisto: para todos.
Esto, que en principio parece que es algo evidente,
tiene que ver con la elección de la "unidad
básica documental": dependiendo del formato
de publicación en que aparece la obra los
autores son sistemáticamente despreciados.
Cuanto más se asemeja el formato al concepto de
monografía clásico más
atención se le presta, cuanto menos parecido es
o hay una desviación hacia formatos más
exclusivos del cómic, menos atención
recibe la figura del autor, llegándose en
algunos casos a cometer verdaderos atropellos: el caso
de revistas, tomos recopilatorios, etc., donde el
concepto de obra colectiva (tal y como se conoce
habitualmente en el mundo bibliotecario) es
sobrepasado. Uno de los grandes problemas que ha
surgido en los últimos años a la hora de
crear autoridades de autor, y que afecta de forma
especial a los cómics, es la absurda
desaparición del subcampo $e en la etiqueta T100
del registro de autoridades, donde se indicaba la
relación del autor en relación a la obra.
Todo ello nos obliga a ser especialmente cuidadoso con
la redacción de esta información en el
subcampo correspondiente del campo $c del T245.
b.1.2.2. Materia (T600, T650, T651,
T655). Estas etiquetas presentan el mismo
problema en casi cualquier catalogación,
independientemente del tipo documental que estemos
hablando y que se podrían resumir en que existe
una gran cantidad de prejuicios a la hora de crearlas,
sobre todo para determinados materiales.
- Campo T600. Encabezamiento secundario de materia -
Nombre de persona. Incluimos aquí el campo T600
porque pensamos que su presencia en este grupo
está mas justificada que en el anterior, ya que
en los cómics es frecuente la presencia de obras
de carácter biográfico o
autobiográfico, con lo que se utilizará
para consignar este dato específicamente.
- Campo T650. Encabezamiento secundario de materia -
Término de materia. Es el gran desaprovechado.
Desde luego que lo que se entiende por
"materia" en el concepto bibliotecario de la
catalogación no se asemeja a lo que
podríamos denominar como "de qué
trata este cómic", teniendo más
presente el concepto de "género"
cinematográfico, sin embargo su
utilización para este fin creemos que no
sería incorrecto ni inadecuado. En un texto
presentado en ThinkEpi
(Iwetel), ya se trató este tema y aquél
que lo desee puede ampliar la visión de quien
esto escribe sobre el tema. Sólo añadir
que en los casos más atrevidos se utiliza la
etiqueta T653 (Término de indización -
No controlado) para ello, aunque presenta el
inconveniente de que no es posible una
normalización en toda regla.
- T651. Encabezamiento secundario de materia - Nombre
geográfico. Su presencia en los catálogos
no pasa de anecdótica. Sin embargo la
colección de Astérix el galo es
un magnífico ejemplo, en general, para hacernos
una idea aproximada de cómo era la Francia de la
dominación romana (con volúmenes
específicos dedicados a países como
España, Bélgica, Inglaterra, etc.);
From Hell o la colección de Peter
Pan de Loisel es un
mágnifico fresco para conocer la época
victoriana de Londres; la adaptación al
cómic de El Capitán Alatriste
es idónea para ver el Madrid de los Austrias,
y así infinidad de ejemplos. Con un adecuado y
correcto uso de las subdivisiones de campo se
podrían crear potentísimos instrumentos
de recuperación aplicables en la
educación escolar, ya que suelen ser trabajos
muy documentados.
- T655. Término de indización -
Género/Forma. Otro campo muy desaprovechado y
que en la sección de cómics de
@bsysnet.com ya tratamos en detalle
el por qué de su elección, así
como la forma de usarlo.
b.1.2.3. Series (T830). Partiendo del
hecho de que probablemente ninguna biblioteca o sistema
bibliotecario en la actualidad aceptará el hecho
de que un cómic encabezara por el nombre de la
colección (etiqueta T130) o, en su ausencia, por
el título, habría que insistir en la
necesidad de utilizar el campo T830 para normalizar
este dato debido a la importancia que cobra dentro de
la publicación de cómics. Aunque la
etiqueta T440 implica un grado de normalización,
creemos que el uso de la T830 ayudaría a
introducir más información útil de
cara al lector en el sentido de: si se posee la
colección completa, si sigue publicándose
o se ha cerrado o cancelado, o cualquier otro dato que
el catalogador considere oportuno, ya que sería
necesario crear un registro en la base de datos de
autoridades, con lo que podemos completar la
información de interés para los usuarios
de la biblioteca.
b.2. Destinatario
Un dato muy a tener en cuenta, sobre todo en un medio
como el cómic donde las confusiones son
frecuentes, es aportar de forma clara, buscable y
visible este dato (no nos referimos a la
posición 5 del campo T008 que
prácticamente nadie usa, que se utiliza
más bien poco para la visualización de
información o para su recuperación), sino
al campo de notas T521 que nos permite un mayor
flexibilidad a la hora de consignarlo.
c. Campos relacionados con la descripción formal
Nuestras sugerencias van encaminadas en este caso,
principalmente a los siguientes puntos:
c.1. Área de título.
Dado el ruido documental que puede producir, nuestra
sugerencia es no utilizar el subcampo $h para la
indicación del tipo de documento. La
razón de actuar así es que, dado que la
mayoría de los SIGB presentes hoy día no
permiten hacer consultas restringiendo por el subcampo
de una etiqueta determinada, sería conveniente
consignar este dato en algún otro campo que
permita identificar, sin problemas, el grupo de
cómics presente en el catálogo.
c.2. Descripción física de la
obra. En tanto que las RC no ofrecen
más alternativa, ni ninguno de los
códigos del formato Marc nos permiten elegir
algún código (que luego sea
fácilmente buscable y recuperable) nuestras
propuestas son las siguientes:
- En el campo T300, más concretamente el
subcampo $b se incorpore explícitamente que
estamos catalogando un cómic (o cualquiera de
los otros tipos documentales cercanos como
recopilaciones de humor gráfico o tiras de
prensa). En @bsysnet.com ya tratamos
esta cuestión y en este texto incluimos de forma
más detallada las razones por las cuales
pensamos que es mejor actuar así o por
qué se deben desechar alternativas menos
válidas como la inclusión de un subcampo
de forma ($j) en los encabezamientos secundarios de
materia (T6XX), o el uso de un número de CDU que
nadie entiende y además resulta poco apropiado
para su búsqueda por parte de usuarios que no
conocen este lenguaje clasificatorio.
- Una segunda opción, quizá más
innovadora, sería, junto con la
utilización ya indicada del campo T655, dejar
indicado mediante el uso del subencabezamiento $j si
estamos hablando de un "cómic",
"humor gráfico", "tiras de
prensa", etc.
El objetivo es poder permitir a los usuarios
discriminar en una consulta que sólo quieren
buscar aquellos cómics que están
catalogados. Con la segunda opción podemos de un
único paso incluso restringir estas
búsquedas dentro de una línea concreta.
c.2.1. Indicación del formato de
publicación. Como se ha visto en el
texto dedicado a los formatos de publicación, el
mundo del cómic presenta un rico y variado
panorama. Así pues, representar esta
increíble variedad es también objetivo
del catálogo ya que el usuario intentará
localizar aquella obra mejor editada. Para recoger esta
información podría utilizarse el subcampo
$r del T852 o bien utilizar el campo de notas T597
(Nota sobre el área de descripción
física).
4. Campos relacionados con la localización
física de la obra (organización
física)
Una vez comentados los puntos que a nuestro entender
hay que tener en cuenta para llevar a cabo una buena
catalogación de cómics, a
continuación dejaremos indicadas de forma muy
breve algunas cuestiones relacionadas con la
organización física de estos fondos y que
pueden ser útiles a los usuarios de cara a
localizar las obras que buscan sin necesidad de usar el
opac, simplemente paseándose por las baldas.
Evidentemente, como todas las sugerencias presentadas
en este texto son sólo aproximaciones al
problema de la catalogación y
clasificación de los cómics.
- Desechar por completo el uso de la CDU como
elemento ordenatorio en las estanterías.
- Evitar en lo posible la dispersión de la
colección, sobre todo en aquellas colecciones
con diferentes autores (y por lo tanto diferente
encabezamiento principal); aunque parece algo sin
importancia, un mal uso del tejuelo puede dar al traste
con los esfuerzos llevados a cabo en una buena
catalogación.
- Optamos por la diferenciación dentro del
fondo total de la biblioteca. No nos referimos con ello
a excluirlo del resto de obras, ni alejarlo, sino que
simplemente nuestra apuesta es que tenga su propio
espacio, como lo tienen la literatura, las obras de
referencia, el fondo local, etc., creemos que
así se le podrá sacar todo su potencial.
- La ordenación de las obras en los estantes
debería acogerse al criterio propuesto por la
etiqueta T655. Nos guste o no, los lectores y
aficionados se encuentran diversificados y debemos
ofrecerles las obras como ellos esperan; o por lo menos
sería interesante mostrárselas como lo
hace cualquier tienda especializada: cómic
americano, manga, español, europeo, indie y/o
cualquier otra subdivisión que la biblioteca
crea conveniente siempre de acuerdo con sus propios
fondos. Es importante no entenderlo como una forma de
separación, sino como una simple
clasificación.
- Dentro de cada bloque debería seguirse un
mismo esquema clasificatorio que podría ser:
"Grandes colecciones", "Grandes
autores", "Ordenación por
autor/título".
- Si existe fondo lo suficiente amplio podría
ser interesante la creación de una zona de
referencia para las publicaciones sobre cómic,
que sirviera de apoyo también a los no iniciados
y donde la propia biblioteca, si es posible, dispusiera
de guías de lectura o textos para la
comprensión de obras. Solicitar permiso a los
autores de páginas webs y blogs en general para
usarlos para este fin podría suponer un punto de
arranque importante, dada la escasez actual de
publicaciones impresas sobre el medio. Estos
documentos, convenientemente catalogados podrían
ponerse a disposición de los usuarios siguiendo
también sus propios criterios
catalográficos y clasificatorios.
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