Sergio Morales (Barcelona). Desde que recuerdo, siempre he tenido un cómic en mis manos, sobre todo de superhéroes Marvel. Mi amor por el medio y por este género en particular queda patente al visitar mi colección personal que cuenta con las ediciones completas de Vértice, Bruguera y Forum de los héroes Marvel más carismáticos, aparte de numerosas colecciones de superhéroes de DC. En los últimos años, gracias a la facilidad de manejo y de acceso de Internet, decidí enfrascarme en un proyecto personal: la web Tirafrutas. En formato blog, Tirafrutas es una página web que intento que refleje mi amor por el cómic en todas sus facetas. Aparte de las consabidas noticias del panorama editorial español, mantengo una serie de reseñas que espero sirvan para orientar a mis lectores en sus compras, tan difíciles en los tiempos que corren, con tanta y tan buena oferta de novedades.
Superhéroes, los archiconocidos personajes de cómic enfundados en trajes de spándex cuya vida está dedicada a la lucha contra el mal, ya sea en solitario o en grupo. Los superhéroes han sido durante largo tiempo reflejo del estado de la sociedad estadounidense y de las pasiones de muchos de sus integrantes, y aún así han conseguido trascender las fronteras y convertirse en muchos casos en personajes icónicos reconocidos mundialmente. Sublimación de ideales políticos o herramientas para criticar con dureza la sociedad y el comportamiento humano, los superhéroes han sido el motor de la industria del cómic en Estados Unidos durante varias etapas bien distinguidas.
Los superhéroes son personajes de ficción creados para el medio del cómic con poderes y capacidades especiales. Normalmente vestidos de forma llamativa y con un aspecto humano, pueblan las páginas de miles de cómics en todo el mundo, no sólo en su país de origen, para defender a la humanidad del crimen, las amenazas extraterrestres o desastres naturales de diversa índole.
Los superhéroes, como ya se ha dicho, tienen características especiales de cierta tipología. Pueden ser superpoderes, capacidades que van más allá del estado humano normal, como poder lanzar rayos por los ojos, poder volar, fuerza desmesurada, invisibilidad, telepatía, etc. Sus poderes pueden ser de origen mágico o místico, pueden tener a su alcance tecnología avanzada o de origen extraterrestre, o unas habilidades físicas y gimnásticas superiores a las del ser humano.
Estas capacidades son adquiridas o innatas en el superhéroe, confiriéndole un origen normalmente relatado en su primera aventura. Este origen puede ser extraterrestre, divino, fantasmagórico, demoníaco o metafísico en general, como en el caso de Superman o Thor. En otros casos su origen es natural, dado por una evolución especial o mutación. También pueden ser originados a causa de un accidente o un experimento científico, como ocurre en la mayoría de superhéroes Marvel: Spiderman, Hulk, Los 4 Fantásticos, Daredevil, etc. Los artefactos tecnológicos o extraterrestres entran en juego en otros casos como Iron Man o Green Lantern y, finalmente, otros superhéroes adquieren sus capacidades a base de entrenamiento especial (el ejemplo perfecto es Batman).
El superhéroe combate el mal en solitario o formando parte de un grupo. En cualquiera de los dos casos, suele vestir un uniforme llamativo que le puede servir para ocultar una identidad civil secreta. El superhéroe se enfrentará a diversas amenazas ocultando su identidad real al enemigo para que éste no pueda aprovechar las debilidades intrínsecas de este conocimiento: familiares, vivienda y trabajo. El supervillano puede derrotar al superhéroe por estas vías alternativas, haciendo la vida imposible al bienhechor. El traje, en otras ocasiones, sirve para identificar al superhéroe dentro del grupo al que pertenece, como si de un equipo deportivo se tratara.
Algunos de ellos mantienen un cuartel general, o guarida secreta, que les sirve de cobijo entre batallas o como laboratorio, oficina o sala de vigilancia. Como su identidad, en algunas ocasiones la base es pública, aunque su objetivo quede oculto, y en otros su paradero y su existencia son desconocidos por la sociedad. Puede ser una mansión privada (como el cuartel general de los Vengadores o la Batcueva), una o varias plantas de un edificio (la propiedad de Los 4 Fantásticos en el edificio Baxter), una edificación especial (la torre de los Jóvenes Titanes o la atalaya de la JLA) o incluso una escuela (la escuela para jóvenes talentos de los X-Men).
Salvo en contados experimentos, los superhéroes no se ocupan de eventos trascendentales en el mundo. No acaban con el hambre, ni con la guerra, ni con el terrorismo. En el atentado del 11 de septiembre, los superhéroes Marvel acudieron a la escena cuando todo ya había sucedido.
Viven sus aventuras en series, bajo una cabecera identificativa donde se narran sus correrías de forma sucesiva. Los superhéroes no pueden morir, al menos los de mayor entidad comercial, por lo que se detecta una iteratividad en sus historias que es inherente al género superheroico: los personajes no envejecen, viven en un universo atemporal donde, si no se observa una subtrama argumental, las distintas historias podrían intercambiarse, yuxtaponerse de otra forma, y seguirían teniendo sentido. En algunos casos se hace referencia a la continuidad dentro de una serie: los hechos pasados tienen repercusiones en el presente, por lo que el superhéroe parece "vivir" como en el mundo real. Los parámetros mercantiles obligan muchas veces a obviar este aspecto.
En 1938 irrumpe en escena Superman, el superhéroe llegado del lejano planeta Krypton, que llega a la Tierra de la mano de sus creadores Jerry Siegel y Joe Shuster, dos jovencísimos judíos de Cleveland que vendieron la primera historia de superhéroes a la National Comics (más tarde esta editorial cambiaría su nombre por DC). Un extraño personaje ceñido de azul, con los calzoncillos rojos por fuera del pantalón, una capa y una gran "S" en el pecho, que vuela, tiene fuerza sobrehumana, visión de rayos X y multitud de extravagancias de la naturaleza, ¿cómo no podía despertar el interés de una muchachada relegada al aburrimiento de consabidos westerns y a las tardes solitarias en el desván de casa? Además, vivían en el "mundo real", en los Estados Unidos de la época, a diferencia de los personajes de ciencia ficción y otros héroes de los cómics anteriores. El éxito de la serie Action Comics, encabezada por Superman, que llegó a vender cerca de un millón de copias cada mes, dio pie a la conocida como Edad de Oro, un período de boyante crecimiento editorial marcado por la constante creación de otros personajes similares al espíritu del primer superhéroe. Batman fue creado inmediatamente después de Superman por Bob Kane para la misma National, y no tardaron en aparecer otros superhéroes como Wonder Woman, Hawkman, Flash, Linterna Verde, Namor, la Antorcha Humana, el Capitán Marvel y un largo etcétera.
Para hacerse una idea del éxito de este género, destaquemos un capítulo de la historia editorial de aquella época. National Comics, recelosa de que otras editoriales estaban aprovechando el filón descubierto por Superman, comenzó una política de denuncias por plagio que iban acabando paulatinamente con la competencia aparecida. Sin embargo, en 1941 Fawcett Publications plantó cara para defender su personaje del Capitán Marvel, que tan buenos rendimientos le estaba dando. El juicio fue largo y, en primera instancia, Fawcett pudo deshacerse del acoso de la National, pero finalmente, National ganó el proceso de apelación y Fawcett tuvo que vender todos los derechos de sus personajes y cerrar la línea de cómics para hacerse cargo de los costes y la indemnización.
Durante los últimos 30 y principios de los 40, el New Deal (referido a las políticas económicas del período entreguerras) y la Gran Depresión eran el trasfondo de las aventuras de unos superhéroes que afrontaban retos reales, como el crimen organizado y, ya inmersos en la Segunda Guerra Mundial, la amenaza Nazi. Superman y el Capitán América ya dieron tortas a soldados nazis e incluso al mismísimo Adolf Hitler en las páginas de sus cómics antes de que los Estados Unidos se internaran en la guerra. La Sociedad de la Justicia, el primer grupo de superhéroes y también publicado por National, el Capitán América y otros fueron al frente a acabar con el enemigo del país y del mundo libre. Las ventas de los cómics de superhéroes se duplicaron, alcanzando cifras que ahora harían desmayarse al más curtido editor. Pero la guerra llegó a su fin y todo cambió.
Sin un enemigo tan odiado y con unos guiones simplones y repetitivos, el género de los superhéroes entró en decadencia los años inmediatamente posteriores. Tan ligados estaban algunos al New Deal y a la guerra que, con su final, sus aventuras dejaron de tener sentido y tuvieron que abandonar las páginas de los cómics. Las editoriales se volcaron de nuevo en otros géneros como los westerns, la ciencia ficción e incluso las historias románticas. Los pocos superhéroes que siguieron luchando contra amenazas públicas pronto tendrían un enemigo político dentro de su propio país. El doctor Frederic Wertham publicó el libro "La seducción del inocente", un ensayo histriónico y tergiversador que tuvo gran repercusión en las altas esferas políticas. En este libro, el doctor Wertham defendía sus tesis acerca de la malevolencia de los cómics de superhéroes y de terror, tildándolos de inadecuados para la educación de los infantes estadounidenses. La campaña del buen doctor no consiguió acabar con los cómics de superhéroes, pero sí instauró un código autocensor que conllevó el adocenamiento de las historias de estos pintorescos personajes. De cómics juveniles y adultos se pasó a cómics insulsos e infantiles, sin excepción de género.
A finales de los años 50, la editorial DC tuvo a bien rescatar a uno de sus personajes más característicos desaparecido hacía varios años. La reentrada de Flash se considera como el inicio de la Edad de Plata de los cómics de superhéroes. Otros personajes olvidados como Linterna Verde y aquellos que continuaban siendo publicados como Aquaman, J'onn J'onzz, Wonder Woman y el mismo Flash se unieron en 1960 para formar el supergrupo más poderoso: la Liga de la Justicia de América, donde pronto se integrarían Superman y Batman. El resurgimiento del género estuvo acompañado de una nueva política en los guiones, volviendo paulatinamente a un estado no tan infantiloide. Los guionistas empezaron a potenciar el lado personal de los superhéroes, y Stan Lee y Jack Kirby iniciaron con Los 4 Fantásticos en 1961 la autoproclamada Era Marvel. Los nuevos superhéroes aparecidos bajo el sello de Marvel Comics se diferenciaban claramente de los clásicos de DC. Sus problemas eran más cotidianos, sufrían dolencias patológicas, no eran correspondidos en el amor, eran inadaptados sociales, etc. Los 4 Fantásticos, Hulk, Spiderman, Daredevil y los X-Men presentaban una nueva generación de aventuras fantásticas donde el joven lector podía verse identificado con mayor facilidad. La mezcla del género superheroico con matices románticos y de culebrones confirió a Marvel el nuevo estatus de editorial puntera.
En los 70 los superhéroes continuarían enfrentándose a peligros más mundanos. Los menos poderosos, aquellos que no se embarcaban en epopeyas galácticas, tenían que solucionar los quebraderos de cabeza del ciudadano de a pie, amén de los suyos propios. Los nuevos guionistas eran jóvenes de la época, que vivían un período turbulento, con una gran masa social reaccionaria a la política y más sensible a los problemas sociales. La editorial DC, viéndose desbancada de su posición privilegiada, hizo un movimiento extraño que tuvo una relativa respuesta. Tras despedir a gran parte de su plantilla, responsable de historias vergonzantes, reclutó un nuevo grupo de artistas que habían crecido leyendo los cómics Marvel. La nueva DC era mucho más sofisticada y Dennis O'Neill y Neal Adams firmaron una saga inolvidable en la cabecera de Linterna Verde / Flecha Verde donde el pupilo de este último fue revelado como un yonqui. Las drogas también aparecieron en la vida de uno de los amigos de Peter Parker, Spiderman, e incluso la muerte de su novia a manos de su más acérrimo enemigo, dejaban bien a las claras que estábamos ante unos superhéroes que fallaban en su cometido, que eran humanos y cuyas correrías estaban destinadas, de nuevo, al lector adulto.
Mientras los superhéroes de Marvel vivían sus aventuras dentro de un universo ficticio cohesionado que reflejaba el mundo real, los de DC habían visto cómo se creaban multitud de "Tierras" alternativas, con sosias de los personajes principales. Para colmo, mientras las vidas de los personajes de Marvel seguían un eje cronológico más o menos natural, muchas de las aventuras de DC entraban en contradicción con historias ocurridas en el pasado. Un auténtico desbarajuste que sirvió de excusa a mediados de los 80 para hacer limpieza. Marv Wolfman y George Pérez se encargaron de la reestructuración, la "Marvelización" definitiva, del universo DC en la serie de 12 números Crisis en Tierras Infinitas. De esta serie limitada surgió un nuevo Universo DC, con unos superhéroes renacidos, con nuevo origen y nuevos matices más realistas. El éxito comercial de esta serie propició el impulso de un nuevo formato de publicación mucho menos arriesgado y con más posibilidades de reedición que ya se probó en los 70: la serie limitada. Marvel tuvo su propia reunión de superhéroes y supervillanos en sus Secret Wars, aunque esta serie tuvo mucha menos trascendencia que las crisis de DC, más tratándose de un movimiento mercantil.
Los nuevos héroes de estos años 80 eran mucho más oscuros, más cínicos y atormentados, como buen ejemplo es el nuevo Batman de Frank Miller. El Regreso del Señor de la Noche de Frank Miller, que trataba los últimos días de Batman en un futuro hipotético, y Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons, una alegoría del poder exagerado y la ética de los superhéroes, supusieron un vuelco en el tono de los siguientes cómics por llegar. Su éxito de ventas y crítica llamó la atención de los nuevos artistas que llegaron a las editoriales, y poco a poco todos los superhéroes afrontarían una época de crisis personal con respuestas llenas de rabia y dolor. Otros no hacían ascos a tratar temas políticos, sociales y sexuales, confiriendo un nuevo sentido al término "adulto" en los cómics de superhéroes.
En los años 90, los especuladores, atraídos por las grandes ventas de primeros números de colecciones antiguas, entraron en el mercado del cómic para tergiversar los datos económicos. Las nuevas series salían con portadas alternativas, grabados dorados o plateados en la cabecera, páginas extra, etc. Cualquier método era válido para que el coleccionista compulsivo y el especulador comprara varias versiones de un mismo cómic en visos de poder venderlo unos años después por un precio espectacular. Así tenemos ventas hinchadas e irreales como los 2 millones de copias vendidas del nuevo Spiderman de Todd McFarlane, los 3 millones de copias del X-Force de Rob Liefeld o los 7 de la nueva X-Men de Jim Lee. Estas cifras, y la inconformodidad de estos nuevos jóvenes autores (unido a su gigantesco ego) dio lugar a la creación de una nueva editorial encabezada por los dibujantes estrella del momento. Image reunió en su seno a los artistas que habían conseguido los nuevos éxitos de ventas, pero pronto el globo se deshinchó. La pobre calidad de las nuevas series, que buscaban únicamente el golpe de efecto de un nuevo lanzamiento y múltiples versiones, y la caída de ventas en el mercado de los superhéroes en general dio lugar a un periodo terrible, cuando Marvel incluso llegó a anunciar una bancarrota.
Llegado el siglo 21, el mercado del cómic de superhéroes parece retomar un poco el rumbo perdido. Gracias a la fama de los personajes más icónicos y las licencias para series animadas, videojuegos y adaptaciones fílmicas ha dado un nuevo aspecto al panorama editorial. Una nueva hornada de guionistas más seguidos que los dibujantes refleja un estado muy distinto al de la década anterior. Son ya muchos años a las espaldas de los superhéroes y las historias pueden caer fácilmente en la repetición. Hay que refrescar las aventuras y, en la medida de lo posible, captar nuevos lectores, atraídos quizá por las versiones vistas en la gran pantalla. Dada la licencia creativa de los largometrajes, los personajes que se ven en los cómics pueden diferir en muchos aspectos de aquellos vistos en los cines, y por eso algunas series son transformadas para que reflejen el personaje que ha conseguido tantos éxitos de taquilla. Algunos de los seguidores más acérrimos de las series no están de acuerdo con esta política, así que había que dar una alternativa que contentara a todas las partes. Y qué mejor que lanzar varias piedras para ver si alguna alcanza el objetivo. Sublíneas dentro del universo "oficial", nuevos universos creativos que parten desde cero (como la línea Ultimate de Marvel o la All-Star de DC) o, simplemente, nuevas cabeceras con un equipo artístico que ofrece otra visión del superhéroe de turno. Sea como fuere, las editoriales están buscando nuevas formas de llegar a un público que hay que recuperar. Nuevas historias, nuevos bríos, les esperan a los superhéroes de toda la vida.
Sergio Morales