En japonés, la palabra manga significa cómic, tebeo, y se refiere tanto a la abundante producción nacional, como a la escasa presencia del cómic extranjero. Por eso mismo, dentro del manga, como dentro de cualquier tebeo, bd, comic, etc..., por ser un medio y no un género, caben tantas historias como los autores deseen meter. Es un error identificar manga exclusivamente con personajes de ojos grandes e historias de acción.
Aunque el origen de la narración gráfica en Japón se remonta a tiempos lejanos, con largos rollos de papel en los que se narra secuencialmente una historia a través de imágenes, la palabra manga (literalmente, dibujo humorístico) se tomó del título de los cuadernos de ilustraciones del famoso pintor y grabador japonés Hokusai, que vivió en los siglos XVIII y XIX.
Al contrario de la situación en España, incluso lejos de la popularidad que goza el medio en Francia, en Japón el manga es un fenómeno de masas. Las tiradas de las innumerables revistas dedicadas a él se cuentan en millones de ejemplares, y resulta abrumador comparar el número de aficionados japoneses con el de cualquier otro país. Eventos como el Comike, el salón del fanzine de Tokio, que cuenta con dos ediciones anuales, cada una de ellas durante tres días llenos a rebosar y siempre con gente distinta exponiendo, son inimaginables fuera de las fronteras japonesas.
Aunque también existe el lanzamiento directo en formato libro, el sistema de publicación japonés está fundamentado en las mencionadas revistas semanales, cada una dirigida a un público específico, por lo que suelen presentar un mismo estilo de obras. En ellas se publican las historias por entregas y, si gozan de popularidad suficiente, pueden ser más tarde reunidas en tomos. El objetivo de la revista es servir de escaparate para las obras y de entretenimiento para los lectores, casuales o no. No son un objeto de coleccionismo, son baratas, hechas en papel de baja calidad y en blanco y negro; después de ser leídas, se tiran, puesto que existe la posibilidad de adquirir tus obras favoritas en los tomos recopilatorios, que poseen una mejor edición.
También existe un gran mercado de segunda mano, de reventa de tomos y revistas, tanto en tiendas especializadas como en puestos ambulantes. Y las Manga Kissa, cafeterías donde puedes leer cuanto quieras con un sistema de tarificación por horas. Incluso es posible ver mucha gente que va a las librerías de viejo y a las tiendas abiertas las 24 horas simplemente a leer gratis de pie (en las librerías, los tomos suelen estar precintados).
Debido a la estrecha relación que ha existido siempre entre el manga y el cine de animación, en nuestro país, se popularizaron entre las generaciones más jóvenes muchas de sus obras y personajes (desde Heidi y Marco, hasta Candy Candy o Los caballeros del Zodiaco) sin que nadie se parase a pensar en su origen, cosa nada extraña si uno recuerda cosas como aquel Chicho Terremoto (¡!) con los nombres españolizados en el doblaje. Y fue gracias a esa simbiosis multimedia que se produjo un gran boom del manga durante los años 90, en buena parte debido a Akira Toriyama y sus Doctor Slump y, sobre todo, Dragon Ball.
Como ya apuntábamos antes, existen unas claras divisiones entre los géneros propiciadas por la especialización de las revistas hacia un grupo determinado de lectores. Entre ellos podemos encontrar:
Mención aparte se debe hacer a Osamu Tezuka (1928-1989), que tocó con maestría la gran mayoría de géneros, desde el shôjo de La princesa caballero al seinen de Adolf, lo que le valió el sobre nombre de "El dios del manga". Inspirado por los primeros films de la Disney fue el creador del estilo de personajes de ojos grandes que tanto éxito ha cosechado. Otros de sus grandes creaciones son Atom (conocido en occidente como Astroboy), Black Jack o Kimba el león blanco.
Los primeros años de publicación de manga en España se caracterizan por una constante búsqueda y cambio de formatos y tamaños. La primera opción de todas las editoriales fue el formato grapa (Dragon Ball, Dragon Fly) debido seguramente al éxito vivido por el cómic estadounidense en la época, que, junto a un breve intento de publicar en revistas, se abandonó rápidamente por el llamado "formato prestigio" (El puño de la Estrella del Norte, Neon Genesis Evangelion), con un lomo que dejaba caer las hojas con el paso del tiempo. De ahí, aparecieron otras tentativas que no cuajaron, como un formato prestigio reducido con lomo blando, que fue utilizado en la Biblioteca Pachinko de la editorial Planeta de Agostini (Monster, El almanaque de mi padre) y otras obras (Doctor Slump, Fenix). Resulta curioso que el formato definitivo con el que el manga se instaurara en España no fuera sido otro que el original, el de los tomos recopilatorios japoneses, introducido por la editorial Glénat, en el que incluso se han comenzado a reeditar obras ya publicadas.
Sin embargo, no ha sido el formato el único problema que parece haberse ido solucionando. El sentido de lectura en el que es concebido un manga es de derecha a izquierda, lo que hace que la primera impresión del lector sea pensar que el libro está al revés. Algunas editoriales, e incluso autores, que han considerado esta diferencia como un obstáculo para el éxito de una obra, han apostado por la adaptación al sentido de lectura occidental en sus ediciones en el extranjero, en algunas ocasiones por cuestiones de abaratamiento de costes, reaprovechando materiales de terceros países. A veces, esta adaptación se ha convertido en una simple inversión de las planchas. Conocida es la anécdota de que, a ello debido, en la edición española de Adolf, los nazis acaban saludando con el brazo izquierdo en alto. Aun así, no deja de ser un problema menor comparado con la destrucción de la idea original de la composición de página, el ritmo y la tensión dramática, algo verdaderamente grave, ya que atenta contra el mismo fundamento estructural del medio. Algunos lectores, acostumbrados a no poner atención a la hora de enfrentarse a un libro, sienten verdadero rechazo por "tener que leer al revés", cuando se trata de una técnica cuyo dominio se logra en escasos 10 minutos y que aporta muchas más ventajas que inconvenientes. Afortunadamente, cada vez son menos las ediciones retocadas, lo que no es decir poco, ya que, actualmente, en España se publica más manga que nunca, gana cada vez más espacio en las librerías, que ven cómo se convierte en uno de sus productos más vendidos, debido a que su gran variedad temática atrae a lectores de todas las edades. Sin duda, todavía le queda mucho futuro al manga, dentro y fuera de Japón.
Miguel Ángel Ibáñez