Antoni Guiral (Barcelona, 1959) ha hecho un poco de todo en la industria de los cómics desde sus inicios como editor de fanzines en 1982. Ha ejercido de librero especializado (Norma Comics), coordinador de publicaciones (Norma Editorial), articulista (diversas publicaciones), periodista (Diari de Barcelona, El País), técnico editorial free-lance (Planeta DeAgostini, Norma Editorial, Ediciones B, Toutain Editor), guionista (colaborando con Adolfo Usero, Pedro Espinosa, Sempere, Jaime Martín, Jesús Redondo, Fernando Rubio y Luis Durán, entre otros), director técnico del Saló del Còmic de Barcelona (1994), editor de diversas líneas (Planeta DeAgostini), coordinador técnico de ediciones (Estudio Fénix), escritor de libros teóricos (Terminología (en broma pero muy en serio) de los cómics y Cuando los cómics se llamaban tebeos: La Escuela Bruguera (1945-1963)), conferenciante (en varios salones y bibliotecas públicas) y profesor de cursos sobre cómics (Col·legi Oficial de Bibliotecaris i Documentalistes de Catalunya y Universitat de Barcelona), entre otras actividades. A pesar de ello, sigue trabajando para los cómics, ahora como free-lance de nuevo.
Es increíble cómo ha cambiado la historieta española en estos últimos años; en formato, en ambición, en número de títulos y en propuestas de contenido. De la explosión de títulos de los años cincuenta, prácticamente todos concentrados en formatos como revista o cuadernillo apaisado, pasamos en los sesenta a mantener la revista y cambiar el cuadernillo por la novela gráfica, para en los setenta y ochenta añadir a la publicación periódica el álbum o libro recopilatorio y, ya en los noventa, observar la práctica desaparición de las revistas en beneficio del libro y del comic-book, situación que se mantiene en la actualidad, con la excepción de que el volumen de producción ha ido reduciéndose progresivamente en estos últimos veinte años. Entiendo que para un bibliotecario que desconoce el mercado la situación actual puede plantear problemas y muchas dudas; intentaremos puntualizar y aclarar la coyuntura actual, y lo haremos, como diría Jack el Destripador, por partes.
Pero, de entrada, déjenme que les cuente cómo aparece hoy clasificado el cómic de autores españoles en la mayoría de bibliotecas catalanas. Para empezar, el cómic se ha hecho con apartado propio, por fin; con buen tino, creo, los bibliotecarios han dividido los cómics por orígenes geográficos, más o menos de esta manera: norteamericanos; japoneses; europeos y españoles e iberoamericanos (el humor gráfico dispone de su propio espacio), y dentro de cada clasificación ordenado por el apellido de uno de los autores (la historieta, es habitual, puede estar realizada por uno o más autores, teniendo en cuenta la división guionista/dibujante/colorista). Personalmente, opino que incluir en el mismo apartado la historieta española con la realizada en Centro y Sudamérica no es una buena idea. La idiosincrasia propia del tebeo español difiere notablemente del realizado en países como Argentina que, no nos engañemos, es prácticamente el único cómic representativo de Iberoamérica presente en España. De hecho, uno de los pocos puntos en común entre ambas culturas es, obviamente, la lengua. Aunque se trataría de un despiece minoritario, la historieta del cono central y sur de América debería disfrutar de su propio apartado habida cuenta, insisto, de su personalidad, muy definida y claramente diferenciada de la nuestra, una historieta en estos momentos en plena crisis industrial, de la que apenas nos llegan productos, mayoritariamente reediciones de sus clásicos contemporáneos.
Por otro lado, existen serias dudas de dónde incluir historietas realizadas por autores españoles o sudamericanos pero para mercados que no son el suyo, como el norteamericano o el francés, por poner dos ejemplos. Hay historietistas argentinos como Carlos Meglia, Eduardo Risso o Leonardo Manco, o mexicanos, como Humberto Ramos, trabajando para la industria del comic-book norteamericano; otros, como Meglia o Ramos, están colaborando ahora para el mercado francófono, y sus obras no tardarán en disfrutar de edición española. Otros autores, como Carlos Trillo, trabajan para empresas europeas que cuidan de la edición de sus obras en varios países europeos e incluso en EE UU. En el caso de algunos autores españoles la situación es parecida. Historietistas como Rafa Fonteriz o Sergio Bleda no trabajan para un país concreto, sino para una empresa que vende su trabajo a diversas editoriales del mundo, incluida España; otros, como Rubén Pellejero, Ana Miralles o Juan Giménez (y hablo siempre de obras con edición española) colaboran directamente para editoriales francesas y belgas, mientras que dibujantes como Carlos Pacheco, Salvador Larroca, Pasqual Ferry, Marcos Martín, Javier Pulido y unos cuantos más son profesionales del comic-book norteamericano, que trabajan desde España, pero cuyo sueldo y dedicación forma parte de la industria de EE UU; a ellos, añadamos nombres como los de Jordi Bernet o Alfonso Font, algunas de cuyas obras editadas recientemente en España fueron realizadas para editoriales italianas (y, prácticamente en todos los casos, hablamos de cómics escritos por guionistas franceses, norteamericanos o italianos). ¿Dónde colocar estos productos? ¿Cómo sabe el bibliotecario, caso de incluir esas obras en los apartados dedicados a sus países de edición original, que esos libros son originarios de Francia, Italia o EE.UU? Más complicado todavía, ¿dónde incluir esas obras de autores como Sergio Bleda, realizadas para una empresa como SAF, que puede vender en primer lugar uno de sus libros en Francia pero el siguiente en EE.UU o España? En ocasiones es sencillo y hasta evidente (comic-books de superhéroes), pero otras veces hay que disponer de una buena formación e información para detectar este punto.
Una fórmula para simplificar este galimatías podría ser la siguiente:
Son sólo propuestas, quede claro, pero por algún punto hay que empezar a discutir y a tomar decisiones.
El mercado ha impuesto claramente que la poca producción de autores españoles realizada directamente para su país quede dividida en tres formatos: revista; libro y comic-book. Definiremos como "libro" aquel producto formalmente encuadernado con lomo, de 48 o más páginas, tenga una medida de libro de bolsillo, de comic-book o más grande (semejante a lo que conocemos como álbum, por el origen francés de este tipo de edición), sea historia única o serie, básicamente para concentrarnos y evitar una dispersión que complicaría nuestro trabajo, creo. A este respecto, es notable advertir que son muy pocas las series de libros realizadas por autores españoles y publicadas en este formato (exceptuando personajes de El Jueves o títulos concretos); habida cuenta del poco espacio que ocupa la historieta española, cada vez más se impone el libro unitario, de historia única y completa, cuya extensión puede derivar, como mucho, a dos o tres títulos.
El formato revista no presenta ninguna dificultad a la hora de reconocerse como tal. Sus tamaños son variopintos, pueden estar encuadernados en grapa o con lomo, pero son fácilmente distinguibles. En todo caso, tengamos en cuenta que existen revistas de cómics y sobre cómics, aunque estas últimas son hoy en día minoritarias (Dolmen, Nemo y publicaciones sobre manga). Ciertamente, tampoco disponemos de muchos títulos de revistas en las que colaboren autores del país: en el quiosco, teóricamente más comerciales, tenemos Claro que sí, El Jueves, Mister K, ¡Dibus!, Penthouse Comix, Eros Comix o Top Comic Mortadelo y Súper Top Comic Motadelo; de distribución exclusiva en librerías especializadas, minoritarias y más experimentales, son títulos como Tos, Humo, Malavida, Dos veces breve, Cretino, Barsowia, Cabezabajo, Fanzine Enfermo, Dinero o Nosotros Somos Los Muertos.
El formato comic-book, asumido por su popularidad para publicar obras de autores españoles a partir de principios de los años noventa del siglo pasado, continúa activo, aunque en recesión. Desde que editoriales como Planeta DeAgostini o La Cúpula abandonaran el formato, en estos momentos sólo algunas muy pequeñas editoriales e incluso autoediciones de los propios autores asumen el comic-book para publicar sus obras, básicamente por tratarse de un producto de producción más económica, y claramente utilizado para series de varios números.
Claramente, el formato mayoritario para editar obras de autores del país es el libro. Desde la práctica desaparición de las revistas periódicas, donde se prepublicaban obras cortas o largas cuyo teórico último destino era el álbum o el libro, y tras el paréntesis del comic-book, el libro es el formato más utilizado, el más práctico y comercial hoy en día para que un autor español publique directamente en su propio mercado. La deriva marcada por el tiempo en la que naufraga la obra de autores propios (hablo de cantidad, que no de calidad) ha generado esta situación, repartida entre la reedición de algunos "clásicos contemporáneos" de los años setenta y ochenta y, mayoritariamente, la publicación de obras de autores jóvenes de escasa trayectoria profesional, autores que ante la falta de medios en los que publicar han tenido que saltarse la época de aprendizaje y pasar directamente a asumir la responsabilidad de producir una historieta larga y compleja, lanzándose al ruedo con experiencia limitada pero con mucho coraje. Caso aparte serían los libros firmados por autores que publican en El Jueves (colección Nuevos Pendones del Humor), libros recopilatorios de sus series del semanario, en la mayoría de los casos de autores de sólida trayectoria, pertenecientes a dos generaciones de historietistas humorísticos.
Antoni Guiral